Cirujanos plásticos de la Unidad de Trastornos de Identidad de Género del Hospital de Cruces, de la localidad vizcaína de Barakaldo, han llevado a cabo “con éxito” la primera intervención de reasignación de sexo que se ha realizado dentro del sistema de la sanidad pública vasca.

La intervención, según ha informado hoy el hospital vizcaíno en un escueto comunicado, ha sido “compleja y de larga duración”, comenzó a las 9:00 horas de ayer y concluyó pasadas las 18:15 horas.

El objetivo del procedimiento era “la reasignación sexual de hombre a mujer”. La intervención, según ha detallado el hospital, ha ha constado de dos partes: la cirugía mamaria y la cirugía genital.

La paciente se encuentra en la actualidad en la Unidad de Reanimación del hospital de Cruces y, según ha informado el centro, “evoluciona favorablemente, aunque será necesario un seguimiento detallado de su evolución en los próximos días”.

Esta es la primera intervención de este tipo que se acomete dentro del sistema sanitario público vasco y, con ella, el hospital de Cruces “integra esta prestación sanitaria incluyéndola en la actividad asistencial normal a todos los efectos, incluido el de la lista de espera”.

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El doctor Iván Mañero, cirujano plástico y director de la Unidad de Género del Hospital Clínico de Barcelona, miembro de la SECPRE (Sociedad Española de Cirugía Plástica reparadora y Estética) , el 100 por ciento de los pacientes transexuales quieren operarse, pero existe un porcentaje que no lo hace por miedo a la intervención, por problemas económicos y por miedo al rechazo familiar, laboral y social.

“Después de muchos años de experiencia, conozco casos de pacientes que han sido rechazados por los suyos, pero no existe ningún paciente, de los cuatrocientos cambios de sexo que he realizado, que se arrepienta de su decisión”, finaliza.

La causa de que los transexuales de mujer a hombre no requieran más intervenciones es que al tomar testosterona, hormona muy potente, ya consiguen masculinizar la voz, el crecimiento del vello en las zonas propias de los hombres, la caída de pelo en forma de entradas y el aumento de grasa en el abdomen.

“Por este motivo, a pesar de no estar actualmente conseguida la cirugía genital, estas personas tienen muchos menos problemas sociales porque en cuanto toman testosterona son auténticamente hombres de aspecto y su integración social y laboral es absoluta”, apunta Mañero.

Durante la adolescencia se producen cambios corporales que podrían ser bloqueados para evitar la cirugía.

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Mar y Miguel coinciden en recordar el día de su primera comunión como uno de los más “horribles” de su vida. A ella le pusieron un traje de marinero y a él un vestido blanco de volantes. “Estaba monísimo”, recuerda, “pero lo pasé fatal”. Mar nació con cuerpo de niño y Miguel de niña. Son dos personas transexuales que ya disfrutan de una identidad legal y una apariencia acorde con el género al que siempre sintieron que pertenecían, pero para llegar hasta aquí han tenido que enfilar un camino lleno de piedras que, aseguran, empezó en la infancia.

Aunque la mayoría de los pacientes que recibe la Unidad de Trastorno de Identidad de Género (UTIG) del Hospital Carlos Haya de Málaga es mayor de edad, casi un 10% no ha cumplido los 18. De los alrededor de 800 transexuales que ha tratado este equipo en sus 10 años de actividad, 77 son menores. El más pequeño, de 12 años, aunque la coordinadora de la unidad, Isabel Esteva, afirma que la media llega con 14 ó 15.

Igual que los adultos, estos jóvenes reciben atención psicológica, primero para confirmar el diagnóstico y, después, para orientar al menor y su familia. “Hay que hacer un acompañamiento, pero que no sea ni potenciador ni bloqueador de nada”, explica Esteva. Los jóvenes que no han contado con esta ayuda admiten que les hubiera venido bien. Alejandro, un sevillano de 24 años, acudió por primera vez a un psicólogo con 14 años sin contarle nada a su familia. Pero le sirvió de poco porque la psicóloga no entendía su problema. “Ni siquiera que tuviera novia, decía que no lo comprendía”. Se fue y no volvió.

La doctora Esteva asegura que, en la última década, se ha notado una evolución social. “Antes, sobre todo en los padres de los pacientes menores, había mucho más desconocimiento y angustia”. “Estamos comprobando que la evolución favorable del caso es correlacional con el apoyo familiar”, afirma.

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