(…) La psoriasis afecta a casi un millón de personas en España. Es una enfermedad de la piel de origen inmunológico que se desencadena por infecciones, medicamentos, traumatismos o estrés. El factor hereditario está presente en la tercera parte de los casos. Es crónica y caprichosa. Unas veces se presenta de forma violenta y hay épocas en las que no se manifiesta. No es contagiosa, como insisten en repetir los expertos, pero muchas veces produce rechazo social y laboral y condiciona la vida de los pacientes. Los nuevos avances clínicos y terapéuticos pueden mantener controlada la enfermedad.

“Conocer al paciente y saber cómo le afecta la enfermedad es muy importante y a veces lleva a modificar el tratamiento. La parte psicológica es fundamental, sobre todo cuando la psoriasis se expresa en la cara, en las manos o en los genitales. Luego, cada paciente tiene una respuesta de rabia, tristeza, optimismo o, por el contrario, de miedo o culpabilidad. En función de estas tendencias, también se puede sufrir otra patología”, señala Aurora Guerra, jefa de la sección de dermatología del hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid y presidenta de la Sección Centro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Las psoriasis se clasifican por el tipo de lesión, localización, síntomas y extensión. La más frecuente es la psoriasis vulgar o en placa, en la que predomina la placa rosada o roja cubierta de una escama blanquecina. Afecta a codos, rodillas y cuero cabelludo. Otras variantes son la psoriasis puntata, con placas parecidas a gotas pequeñas; invertida o flexural, con placas de color rojo que afectan a los pliegues inguinal, anal y axilar y a la cara lateral del cuello, y pustulosa, en la que predominan pequeñas vesículas.

“Hasta hace 15 o 20 años no había prácticamente tratamientos para la psoriasis. Hoy tenemos unos ocho escalones de terapias que se van introduciendo paulatinamente y pueden evitar que se manifieste en la piel. La mala fama de la psoriasis viene dada por un 5% de los pacientes que sufren el tipo más severo e invalidante, pero en el 95% restante se puede controlar. Además, en los últimos años hemos avanzado mucho en el tratamiento de los casos más graves”, sostiene Julián Conejo Mir, jefe de servicio de dermatología del hospital Virgen del Rocío y presidente de la AEDV.

Las terapias contra la psoriasis son de dos tipos: cíclicas, es decir, tratamientos cortos e intermitentes, y rotatorias, en las que se suceden los tratamientos. También pueden ser tópicas o locales, que tienen pocos efectos secundarios pero una eficacia limitada. Entre las llamadas intermedias se encuentra la fototerapia, en la que se expone la piel a radiaciones ultravioleta del tipo A y B. Son muy eficaces, pero aumentan el riesgo de padecer cáncer cutáneo. Afortunadamente, ya se están introduciendo cabinas que utilizan rayos ultravioleta B de banda estrecha, que no perjudican a la piel.

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