chinoscirugiaHan tenido una educación privilegiada, saben idiomas y deberían estar listos para abrir el capítulo productivo de sus vidas. Seis millones largos de jóvenes chinos reciben estos días sus títulos universitarios. Pero más de una cuarta parte, según las previsiones oficiales, irán derechos a la cola del paro.

Allí les esperan, atascados desde hace un año, un millón de licenciados de la hornada anterior, la de 2008. Porque si la nueva China del hiperdesarrollo era terreno virgen del desempleo cualificado, la crisis ha mermado la oferta de vacantes y ha afilado mucho la competencia.

¿Solución? Destacar entre la marea de candidatos, no con idiomas, sino con un aspecto atractivo. Dos ojos grandes y abiertos, una nariz respingona, con carácter, los pechos voluminosos o una piel blanca y suave se imponen y ganan puntos frente al expediente académico impecable, la militancia en el Partido Comunista o incluso el guanxi (en mandarín, algo así como el enchufe castizo, que sirve para lubricar las relaciones sociales y para acceder a un buen empleo).

A medida que el título universitario deja de ser el seguro de un puesto de trabajo fijo, China se abandona a la dictadura de la belleza. Aunque sea la artificial. Ahí está el caso de Nancy, por ejemplo. Mujer, joven, soltera. Comercial de ventas en una importante empresa china de bebidas y refrescos. E independiente: acude sola al hospital porque quiere ocultar su paso por el quirófano a todos, incluso a sus amigos más cercanos. Pero se sabe bien el camino, porque hace ya cinco años que se hizo los ojos, el famoso doble párpado. Los ojos rasgados asiáticos son en realidad producto de un sólo pliegue en los párpados, que se puede duplicar con una sencilla cirugía. En la clínica donde se trata Nancy, la Renai, el procedimiento sale por 3.000 yuanes (unos 312 euros).

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