“La persona que tiene recursos económicos, igual que decide hacerse una cirugía estética, decide ponerse un balón y esa es la realidad. Se está poniendo, en general, fuera del sistema público, ya que no hay evidencias de que esta medida sea útil a largo plazo, porque la obesidad es un problema crónico”, alertó el doctor Rubio, especialista en esta intervención, durante la presentación de una campaña del Ministerio de Sanidad para prevenir la obesidad.

Considera que “en ningún caso” esta técnica puede emplearse “como un tratamiento que sea el antojo o la manera fácil que busca la gente para perder peso” ya que, “salvo en cuatro indicaciones muy concretas, el 50 por ciento de los pacientes, a los seis meses de retirada del balón, recuperan gran parte del peso perdido y, al cabo tres años, prácticamente la totalidad ha ganado el peso perdido”.

“El balón se pone durante sólo seis meses, por lo que, de cualquier modo, estaríamos hablando de un tratamiento temporal que, si no se acompaña a continuación de otra medida para perder peso, carece totalmente de utilidad”, recalcó.

Según el experto, desde el punto de vista médico, los balones están indicados para algunos pacientes con obesidad severa que necesitan perder peso “desde un punto de vista médico”, para someterse, por ejemplo, a una cirugía, y no pueden conseguirlo por otros medios, como el deporte, la dieta o los fármacos antiobesidad.

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obesidad_tratamiento_cirugia_gastrointestinal_reduccion_estomado_laparoscopiaLos mensajes que proponen dietas moderadas y ejercicio físico para eliminar la obesidad no tienen ningún éxito, a diferencia de las soluciones drásticas y arriesgadas, como es la cirugía que reduce la capacidad estomacal de los obesos, cuya demanda no deja de crecer en Catalunya. Esas intervenciones acotan de forma radical las posibilidades de ingerir alimentos, y el estómago pasa de tener 1.500 mililitros de espacio para digerir comida, a disponer de apenas 60 mililitros. Lo que cabe en medio envase de yogur. Quien comía para contener su ansiedad, se ve obligado así a buscar otro recurso tranquilizador. Aunque lo intente, su fisiología no admite excesos dietéticos.

El cirujano que introdujo en España la técnica laparoscópica en este tipo de intervenciones, el doctor Antonio de Lacy, considerado uno de los máximos innovadores quirúrgicos de Europa, ha perfeccionado la cirugía de la obesidad y en el último trimestre ha operado, con éxito, a ocho personas obesas que, 48 horas después de la intervención, marcharon a casa sin más cicatriz que un diminuto corte interno bajo el orificio natural del ombligo. Por ahí entró un cilindro de 12 milímetros de diámetro desde el que se distribuyeron los catéteres que externamente manejó De Lacy: contenían una cámara con iluminación, el bisturí eléctrico, un coagulador automático y una pistola de sutura mecánica. Siete de esas intervenciones las realizó en el Hospital Clínic, de Barcelona,y una en el Hospital Quirón.

CINCO INCISIONES / De ser practicada por un reducido núcleo de cirujanos adscritos a hospitales públicos de Catalunya, la cirugía de la obesidad ha pasado a ejecutarse, con mayor o menor pericia, en una docena de centros, que asumen un millar de intervenciones al año. La lista de espera para reducir quirúrgicamente el estómago supera las 700 personas en Catalunya. Muchos de esos cirujanos gastrointestinales (no todos), operan con técnica laparoscópica –abertura de cinco pequeñas incisiones por las que viajan las cánulas que contienen el instrumental–. Una minoría de especialistas siguen abriendo una amplia cicatriz en el abdomen para alcanzar el estómago, intervención que implica mayor riesgo de infección –el intestino es un gran contenedor de todo tipo de bacterias– y un periodo posoperatorio más prolongado.

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