En Tucumán, las intervenciones se incrementan a un ritmo del 10% anual. En el país se llevan a cabo unas 300.000 operaciones anuales. Se realizan más cirugías que en Francia y en Gran Bretaña. Son especialmente las mujeres jóvenes las que más acuden al quirófano para sumarse siliconas o restarse grasas. Las preferencias de las tucumanas cuando se retocan.

Es la cirugía de la ilusión y de la esperanza. Carolina, de 25 años, se acercó con confianza a su compañera de trabajo. Le preguntó: “y tú, ¿cuántos centímetros cúbicos te pusiste?, ¿te las puedo tocar?” Se entusiasmó. Y comenzó a ahorrar para cumplir el sueño de su vida: lucir un buen escote. Ahora, a minutos de entrar al consultorio del cirujano plástico, cuenta que su autoestima se elevará hasta niveles impensados cuando cambie su figura. Marina, la compañera, es una de esas mujeres que siempre quieren verse bien. Antes de aumentarse el busto, a los 33 años, ya había probado el elixir de la eterna juventud con la esperanza de retrasar un poco la llegada de la temida arruga. El relleno casi no se nota alrededor de sus ojos. Lo resalta con orgullo. E inmediatamente se para y exhibe su silueta liposuccionada en las caderas y en el abdomen. Es una morocha armónica y llamativa. Tiene la nariz pequeña, pelo negro y brillante y un detalle que delata su paso por el bisturí: labios gruesos.
Carolina y su compañera -quienes prefieren no identificarse con sus apellidos- ilustran el furor que despierta entre las tucumanas la cirugía plástica. Nuestra provincia no escapa al “boom del bisturí” que se está viviendo en el país, uno de los líderes en el mundo en cantidad de tratamientos estéticos. Según un informe del trigésimo Congreso Internacional de Medicina y Cirugía Cosmética, se realizan en el país unas 300.000 intervenciones anuales, cifra que supera a Francia, Canadá y Gran Bretaña.

¿Qué pasa en Tucumán?
En nuestra provincia, cada vez más personas (especialmente jóvenes) acuden al cirujano para verse mejor. La mayoría son mujeres -solo el 10% son varones-, de entre 21 y 31 años (aunque atienden hasta de 80). Piden en primer lugar lipoaspiraciones y luego -en alza- vienen los implantes mamarios, detalló Eduardo Novillo, presidente de la Sociedad Tucumana de Cirugía Plástica y de la Regional NOA de la Sociedad de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora.
Según las cifras que maneja la entidad, cada año se incrementan en un 10% las intervenciones. Los motivos: hay más oferta de cirugías y más cirujanos (hasta hace 10 años en la Sociedad había tres o cuatro; ahora son más de 35), bajaron los costos y se ofrecen procedimientos cada vez menos invasivos.
“Para hacerse retoques ya no es necesario someterse a grandes cirugías, que requieren mucho reposo y que son dolorosas. Hoy en día las operaciones son más sencillas y contamos con muchas tecnologías no invasivas, desde el láser, luz infrarroja, luz pulsada intensa, etcétera. Estas técnicas son muy demandadas, debido a su inmediatez y su período de recuperación nulo”, detalla.
Los procedimientos que también se han convertido en favoritos son los rellenos y las inyecciones de toxina botulínica (más conocido como botox, por su marca comercial). Quienes usan estas técnicas buscan una nueva sonrisa, un rostro menos arrugado y una mirada que no esté tan enojada.

Lo que ellas quieren
Cuando recurren al quirófano las mujeres quieren que los médicos hagan hasta lo imposible para permitirles sentirse a gusto en bikini o con una camiseta ajustada. Por eso, lo que más piden son lipoesculturas en caderas y cintura e implantes con siliconas.
¿Y cómo les gustan las lolas a las tucumanas?, fue la pregunta en la cual indagó un estudio realizado por Novillo. “Lo primero que te dicen las pacientes es: ‘quiero que quede natural, que no se note’. Pero es todo lo contrario. A la tucumana le gusta que se note que se puso siliconas, aún debajo del abrigo. Y otro dato: siempre quiere tener más que la amiga. Le gustan que sean grandes, que miren para adelante y que estén bien juntas, que no se desplacen del tórax; conservar la sensibilidad y que no les duela la cirugía”, resalta.
Por quién se operan es otro de los interrogantes que analizó Novillo. La gran mayoría (el 40%) lo hace por ellas mismas, en segundo lugar lo hacen por las amigas y, por último, se someten a una cirugía por pedido de sus parejas o para llamar la atención de algún hombre.

Más joven
Las estadísticas revelan que el mayor aumento de intervenciones estéticas se ha producido entre las jóvenes. Según la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora, la edad promedio de las pacientes bajó a 25 años durante la última década.
El cirujano Hugo Mayer lleva casi medio siglo operando a las tucumanas. Él afirma que hay un boom entre gente muy joven que acude a las consultas para aumentar de talla de corpiño y para modelar las caderas.
“La consulta comienza cada vez más temprano, a los 15 y 16 años. Entre las chicas hay mucha competencia. La cirugía ya no es la búsqueda esencial de la eterna juventud, es un medio que se usa más que nada para reducir los complejos”, destaca. Y añade: “también vemos que acceden a las cirugías muchos niños para corregir, por ejemplo, defectos en las orejas”.
Los médicos ponen el acento sobre una tendencia: cada vez más mujeres se resisten a llevar el cuerpo que les tocó naturalmente. “Lo natural no les gusta – señalan-, prefieren una fisonomía que raye con lo perfecto”.
Atrás quedan los tiempos en que los tucumanos sólo se retocaban las orejas o las narices. La rinoplastía, cirugía que durante muchos años fue la predilecta en los quirófanos, ya no se encuentra entre los cinco procedimientos más pedidos. ¿La razón? Según los médicos, la mujer de ahora lleva su nariz con más personalidad y, si va a gastar en embellecerse, prefiere hacerlo en los pechos o en la cola. “Las lolas son la carta de presentación, me dicen muchas pacientes”, comenta el cirujano Eduardo Novillo.
No es que haya descendido el número de personas de mediana edad que acude a las cirugías más tradicionales para combatir los efectos de la edad. Pero en los últimos tiempos se ha abierto un gran segmento de negocio entre jóvenes obsesionadas por un canon de belleza que pasa por tener una talla 95 o más de corpiño.
En este reino del bisturí que es Tucumán, adonde vienen pacientes de todo el país para operarse, aparecen lentamente más varones en los quirófanos. Lo que más piden ellos: nuevos párpados y microimplante capilar. Otra de las intervenciones más solicitadas por estos pagos es la dermolipectomía abdominal, tanto en hombres como mujeres. La operación se usa para reducir el exceso de piel y grasa en el abdomen.
En cuanto al nivel adquisitivo de los pacientes también hubo cambios en los últimos años, tantos que los médicos ya hablan de la democratización de las cirugías. Las operaciones estéticas, sostienen los médicos, dejaron de ser un bien de lujo y en la actualidad se amplía cada vez más la franja social de quienes acceden a estos procedimientos: hoy la demanda también proviene de empleados con salarios medios o bajos.

Culto al cuerpo
Modelar el cuerpo para embellecerlo puede ser psicológicamente beneficioso para algunos, pero de ninguna manera puede serlo para todos, opina Inés Osatinsky, experta en psicología de la personalidad. La especialista habla de un excesivo culto al cuerpo, alimentado por la imagen de la eterna juventud que nos venden los medios de comunicación.
“Esto también tiene que ver con la disconformidad permanente en la que la sociedad nos envuelve. Las personas están en la búsqueda permanente”, opina. Esto quedó claro en la última encuesta de la consultora D’Alessio IROL en Argentina, en la cual siete de cada 10 mujeres aseguraron que no se sienten bellas. El 60% cree que es poco atractiva. Según el estudio, el 17% se ha realizado una cirugía estética. Y cuatro de cada diez mujeres que aún no han pasado por el quirófano sienten deseos de hacerlo.

Via: La Gaceta – Argentina

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